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La Administración en el siglo XXI

Enviado por aidee en Sáb, 05/12/2012 - 10:49

 

Peter Drucker: La administración en el Siglo XXI

La administración en el siglo XXI

Por Raimundo Villagrasa, S.J.

El paso a un nuevo siglo es un momento propicio para la reflexión. ¿De d&´nde venimos en lo que se refiere a Administración, y a dónde vamos?

El siglo XX ha marcado el nacimiento y desarrollo de la Administración como disciplina enseñable. Podemos decir que los que hoy llamamos clásicos, singularmente Frederic Taylor y Henry Fayol, iniciaron la teorización sobre la administración al intentar transformar en cuerpo de doctrina comunicable y enseñable la experiencia que, como gestores de importantes organizaciones, habían vivido en su propio trabajo.

Los seguidores de Taylor, en búsqueda de mayor eficiencia y productividad, llevaron la aplicación práctica de dichos principios a los excesos del llamado “fordismo” (máxima división y especialización del trabajo), pero también sentaron las bases del sistema de producción en masa que tanta prosperidad llevó a los países industrializados, especialmente a EE UU. La unidad de mando y control, propugnada por Fayol, permitió incorporar dentro de una sola organización todo el proceso productivo.

Hubo excesos y, en reacción a los mismos, surgió una nueva corriente de investigación y conocimiento que trató de “humanizar” la práctica administrativa. Fueron los aportes de Elton Mayo, Chester Barnard y otros, que introdujeron los estudios psicológicos y sociológicos como una forma nueva de pensar y estudiar la administración.

Con posterioridad se incorporaron al debate diversas tendencias que enfatizaban el instrumento matemático, el sociotécnico, dando lugar, por su complejidad, a la multitud de “escuelas administrativas” que sintetizaron Koontz y O’Donnel en su famoso artículo de 1968 titulado “La jungla de la teoría administrativa”.

En 1975 se hizo un aporte singular a la teoría administrativa, que no ha sido suficientemente reconocido ni destacado1. Se trata de la publicación del libro Teoría general de la administración, de Juan Ignacio Jiménez Nieto. El autor se aparta del tratamiento que podríamos llamar clásico, basado en la investigación inmediata de lo que se hacía en las organizaciones, para remontarse al establecimiento del objeto formal de la administración como ciencia.

Jiménez Nieto considera que la Administración es una ciencia sincr&´tica, una ciencia de segundo grado que fusiona en sí a las ciencias sociales básicas: la Economía, el Derecho, la Ciencia Política y la Sociología, de las que toma los conceptos básicos en cuanto explicación de los grupos intermedios.

El último cuarto del siglo XX fue testigo de grandes cambios que iban a convertir en obsoleta la teoría clásica administrativa, justo cuando esta había llegado al culmen de su maduración teórica. Me estoy refiriendo a lo que podríamos denominar la revolución de la información que ha tenido lugar a partir de los años setenta del siglo XX.

Los progresos en la informática han hecho posible dar saltos cualitativos que eran impensables en décadas anteriores. Se ha pasado de la era industrial a la posindustrial, del sistema de producción estandarizado en masa a los sistemas flexibles de producción que han favorecido la globalización del comercio en los últimos veinte años.

Al final de los años setenta se desarrollan los sistemas flexibles de producción, que suponen cambios radicales en la manera de gerenciar respecto de la teoría clásica.

El énfasis ya no está en la producción (producir de manera masiva con bajos costos unitarios y luego lograr la venta de lo producido mediante un buen mercadeo), sino en el mercado: producir lo que el comprador desea comprar. El sistema flexible permite series más pequeñas y adaptadas a los requisitos de la demanda, rápidos cambios en las series de producción.

Los sistemas de información avanzados permiten el contacto directo con los proveedores y con los distribuidores, de tal manera que hacen innecesaria la permanencia larga de materias primas y productos terminados en los almacenes. Se produce lo que el mercado demanda y se satisface al cliente inmediatamente.

Los años ochenta fueron de desconcierto para unos y de oportunidad para otros. Para EE UU fueron tan desconcertantes que, como afirma Reich 2, perdieron ventaja competitiva en el comercio global por aferrarse a los principios de la administración científica clásica, que habían llevado al país a las grandes alturas de bienestar y riqueza de todos conocidas; pero que estaban entonces resultando inadecuados.

Por no haber entendido que se trataba de una nueva manera de administrar, siguieron gerenciando instalaciones sofisticadas con gran potencialidad de flexibilidad, como si fueran cadenas de montaje de producción en masa, perdiendo el mordiente competitivo que sí tuvieron las empresas japonesas al cambiar totalmente su modo de gerenciar la nueva tecnología, como lo demuestra Jaicumar 3.

Fue la recesión que sufrió EE UU entre los años 1990 y 1991, lo que les abrió los ojos al cambio y, a partir de entonces, se inició ese período de diez años de prosperidad que les hizo ponerse de nuevo en la avanzada, no solo tecnológica sino gerencial.

¿Cómo se administrará en el siglo XXI? La revista The Economist ha publicado, el 3 de noviembre de 2001, un survey sobre el futuro próximo, a cargo de Peter Drucker 4.

En el survey que nos ocupa, él analiza lo que será la nueva sociedad, fijando su atención en cinco acápites:
- las nuevas condiciones demográficas,
- la nueva fuerza de trabajo,
- la paradoja de la manufactura,
- la supervivencia de las corporaciones y
- el camino por delante.

Las nuevas condiciones demográficas van a producir enormes cambios en los próximos 25 años, especialmente en los países más desarrollados, ya que se prevé un envejecimiento relativo de la población. Esto traerá como consecuencia la imposibilidad de mantener los actuales sistemas previsionales, lo que obligará a seguir trabajando más años, aunque no en la forma actual de empleos a tiempo completo.

Se prevé que las personas mayores de 50 años participen en el futuro de diferentes maneras, ya sea como temporeros, consultores, a tiempo parcial, entre otras. Se agregan, además, los cambios en el mercado, que actualmente está orientado a los jóvenes, cuando los compradores del futuro serán, principalmente, personas mayores.

Para Drucker, el conocimiento será el factor predominante en los años por venir. De hecho ya lo es actualmente en gran manera, pero en la nueva sociedad será el principal recurso.

Entre sus rasgos característicos se puede mencionar: que no tendrá fronteras; provocará además una gran movilidad social que permitirá el ascenso de los individuos con talento, que por otra parte será facilitado por el mejor acceso a la educación; que producirá fracasos y no solo éxitos, ya que muchos tendrán la capacidad y talento, pero no todos podrán conseguir lo mejor.

Todo ello va a hacer a la sociedad futura sumamente competitiva, tanto para las organizaciones como para los mismos individuos. La velocidad y universalidad del acceso al conocimiento hará que todas las instituciones, no solo comerciales sino también escuelas, universidades, hospitales e incluso agencias gubernamentales, sean globalmente competitivas, incluso si sus actividades y principal mercado son locales.

Actualmente se entiende como trabajadores del conocimiento a personas muy preparadas en sus especialidades, con gran bagaje teórico; pero lo que se avecina para el futuro será también lo que se podría denominar tecnólogos del conocimiento, esto es, técnicos en computación, diseñadores de software, analistas de laboratorios clínicos, tecnólogos de manufacturas, paralegales, etc.

Estas personas tienen tanto de trabajadores manuales como de conocimiento, pero su trabajo manual está basado en una preparación teórica, profesional, adquirida por educación y no por aprendizaje. Así como el trabajador manual fue la fuerza social y política predominante del siglo XX, el tecnólogo del conocimiento lo será en el siglo XXI.

El siglo XXI verá el declinar relativo de la manufactura. Algo parecido a lo que ocurrió en el siglo XX con la agricultura, que había dominado la sociedad durante 10.000 años. El peso relativo de la manufactura está descendiendo en todos los países desarrollados, especialmente en EE UU, donde ha pasado de representar el 35% a mediados del siglo pasado, a menos de la mitad en la actualidad. En todos estos países, es el sector servicios el que ha crecido y ofrece al mercado laboral el mayor número de puestos de trabajo.

El futuro de las corporaciones también ocupa la atención de Drucker. Este fenómeno organizativo que aparece y se desarrolla en la primera mitad del siglo XX, ya ha sufrido una gran evolución en la segunda mitad de ese siglo. Las que inicialmente eran entidades nacionales, con algunas subsidiarias fuera, cada vez se fueron transformando en entidades organizadas globalmente según líneas de productos o servicios.

Las multinacionales de 2025 se prevé que estarán unidas y controladas por estrategia, no por propiedad como hasta ahora. Seguirá habiendo propietarios, pero predominarán las alianzas, joint ventures, convenios de conocimiento, etc., que harán que se visualicen como bloques de confederaciones. Indudablemente requerirán un nuevo tipo de gerencia, distinto del actual.

Hay mucho camino por hacer, pero ya se ve a dónde apunta. La Administración en el siglo XXI tendrá que enseñar a las organizaciones, tanto de negocios como otras (universidades), a experimentar nuevas formas de organización. En el futuro se enfrentarán a la definición de nuevas estructuras y nuevas tareas para la alta dirección.

Otro aspecto que tendrá que tenerse en cuenta, en la nueva sociedad del conocimiento, es el trabajo con asociados, no subordinados, lo que obligará a replantearse toda la administración de personal, personal que además será predominantemente mayor, no joven.

Es curioso que, en los últimos años, la literatura especializada (revistas de avanzada) no se haya preocupado del problema teórico de reflexionar sobre la nueva manera de enfocar la administración y, por consiguiente, su enseñanza.

Si exceptuamos casos como el de Drucker, su preocupación ha sido más inmediata: qué hacer para administrar mejor en las actuales circunstancias, especialmente ante el fenómeno de la globalización de los mercados, la crisis económica actual, y la tremenda competencia que exige a los empresarios dar respuesta inmediata a los retos que se les presentan.

Pero el futuro se está gestando hoy, y requerimos profundizar estudios teóricos que nos permitan hacer frente a esos retos futuros.

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